Buenos días lectores de La Voz Libertaria, hoy indagaremos en la historia de una de las personas más interesantes en la filosofía política.
Un personaje misterioso, que escribió su obra culmen Discursos de la Servidumbre Voluntaria a los 22 años de edad.

Retrato de Étienne de La Boétie
Hoy responderemos a estas importantes preguntas:
¿Por qué obedecemos a los gobernantes?
¿Cómo unas pocas personas puede dominar a millones?
Sin más dilación, ¡empezamos!
La gran contribución de La Boétie se dio en sus años de estudiante de Derecho, donde pasó una época hippie/rebelde.
El Discurso nunca fue publicado por La Boétie, pero circuló ampliamente en manuscrito y adquirió considerable fama en los círculos intelectuales de Perigord.
Los éxitos del manuscrito fueron varios y de gran importancia:
Un siglo antes de Hobbes y Locke, La Boétie utilizó el razonamiento abstracto y deductivo para defender los derechos naturales, absolutos y universales de libertad de cada individuo.
La Boétie amplió el concepto clásico y medieval de «tiranía», desde el vago gobierno unipersonal, a cualquier Estado que violara los derechos naturales del individuo.
Lo más importante, La Boétie, dos siglos antes que David Hume, vio que toda tiranía debe basarse a largo plazo en el consentimiento de la mayoría del pueblo, ya que ni un solo hombre, ni siquiera una minoría que constituya el aparato estatal puede coaccionar físicamente a la mayoría por mucho tiempo.
En base a esto, La Boétie nos muestra que no hay necesidad de derrocar al tirano por la fuerza, ya que es automáticamente derrotado si el país se niega a consentir su propia esclavitud.
El tirano no tiene más que el poder que le confieres para destruirte. ¿De dónde ha sacado suficientes ojos para espiarte, si no se los proporcionas tú mismo? ¿Cómo puede tener tantos brazos para golpearte, si no se los pide prestados? Los pies con que pisotean tus ciudades, ¿no son también los tuyos? ¿Cómo tiene poder sobre ti si no es a través de ti?.”
¿Cuál es la solución entonces? Dejar de obedecer:
Resolveos a dejar de servir y seréis libres. No os pido empujarle, ni sacudirle, sino apenas dejar de apoyarle y le veréis derrumbarse bajo su peso y despedazarse como un coloso del cual se ha roto el pedestal.”
Pero si la tiranía se basa necesariamente en el consentimiento popular, ¿por qué las masas habitualmente dan ese consentimiento y con ello apoyan su propia miseria y destrucción?
Aquí nos encontramos ante lo que para La Boétie es el problema central de la teoría política, “el misterio de la obediencia civil”.
Sucede que, en un primer momento, el poder se consigue mediante la conquista y la violencia, pero después tenemos el poder del hábito:
Los hombres nacidos bajo el yugo, criados en la servidumbre, sin mirar más allá, se contentan con vivir como nacieron y no imaginan tener otros bienes ni otros derechos que aquellos que encontraron al nacer; toman por estado natural el estado de su nacimiento.”

Además, el aparato estatal no tiene porque esperar por el consentimiento, lo cual puede ser lento y tedioso, pues este también puede ser diseñado:
El teatro, los juegos, las farsas, los espectáculos, los gladiadores, los animales curiosos, las medallas, los cuadros y otras drogas como aquellas eran para los pueblos antiguos los cebos de la servidumbre, el precio de su libertad perdida, las herramientas de la tiranía.”

Otro mecanismo importante para conseguir el consentimiento del público es engañarlo haciéndole creer que el gobierno del tirano es sabio, justo y benévolo.
En la época moderna, señala La Boétie, los gobernantes «nunca emprenden una política injusta, ni siquiera de cierta importancia, sin precedirla de algún discurso bonito sobre el bienestar público y el bien común». Reforzar la propaganda ideológica es una mistificación deliberada. Así, los antiguos reyes inculcaron en la mente del público la idea de que estaban por encima de los humanos comunes y cerca de los dioses. Símbolos de misterio y magia se tejían alrededor de la Corona, de modo que «con ello inspiraban reverencia y admiración a sus súbditos». A veces, los tiranos han llegado incluso a atribuirse la condición misma de divinidad. De esta manera, «los tiranos, para fortalecer su poder, han hecho todo lo posible por educar a su pueblo no solo en la obediencia y el servilismo hacia ellos mismos, sino también en la adoración».

Los “regalos” que se dan al pueblo es un método astuto para hacerles creer que se benefician de un gobierno tiránico. Pues
los necios no se dieron cuenta de que simplemente estaban recuperando una porción de su propiedad, y que su gobernante no podría haberles dado lo que recibían sin antes quitárselo... La turba siempre se ha comportado así, dispuesta a aceptar sobornos.”.
Finalmente, La Boétie llega a otra contribución sumamente importante y original a la teoría política: la ampliación del concepto de tiranía de un solo hombre a todo un aparato estatal.
Para los curiosos recomiendo leer el interesantísimo artículo de Rothbard (disponible también en español), en el que me he basado para la reflexión de hoy: Concepts of the Role of Intellectuals in Social Change Toward Laissez Faire.
Espero que te haya gustado y que tengas un feliz miércoles! 🙂








