La censura explícita, al estilo del famoso Index Librorum Prohibitorum (Índice de libros prohibidos), ya es cosa del pasado. Hoy en día no hace falta prohibir; basta con bajar el alcance.

ÂĄY voilĂ ! El truco estĂĄ hecho. Es el crimen perfecto: ya no hay necesidad de censurar abiertamente, evitando asĂ­ los males y protestas que eso genera. HistĂłricamente, los libros prohibidos alcanzaban mayor valor y la gente deseaba leerlos mĂĄs por el simple morbo de la prohibiciĂłn.

“¿Qué habrá en ese libro que no quieren que lea?”

Esa es la pregunta que se hace cualquier persona libre ante una prohibición. Algo similar sucede con la guerra contra las drogas: “¿Qué hará esa sustancia para que el Estado no quiera que la tome?”. El fruto prohibido siempre es el más dulce

Un ejemplo claro fue el intento de prohibir los planos para imprimir armas 3D de Cody Wilson (Defense Distributed).

ÂżEl resultado?

Los archivos se convirtieron en los mĂĄs descargados de internet. El atractivo de lo prohibido hace que la tĂŠcnica de la censura frontal resulte anticuada e ineficaz.

Por eso, ahora se usan tĂŠcnicas mĂĄs "modernas", sofisticadas y silenciosas

2. La fuerza bruta del Estado: El PentĂĄgono vs. Anthony Shaffer

A veces, el Estado entra en pĂĄnico y tira de chequera. SucediĂł cuando el PentĂĄgono comprĂł la primera ediciĂłn completa (10.000 ejemplares) del libro del Teniente Coronel Anthony Shaffer, Operation Dark Heart.

Shaffer narraba sus memorias en AfganistĂĄn y, segĂşn el gobierno, contenĂ­a "informaciĂłn confidencial". Como el libro ya estaba impreso y listo para enviarse a Amazon y librerĂ­as, el Departamento de Defensa negociĂł con la editorial (St. Martin's Press) y comprĂł toda la tirada, gastando unos 47.000 dĂłlares del contribuyente para destruirlos.

3. La Censura Invisible: La Alianza Estado-Amazon

Hoy, la mayorĂ­a de la gente compra libros en Amazon. La tĂŠcnica actual es mucho mĂĄs simple y perversa: bajar el alcance del libro o, directamente, no mostrarlo en el listado.

Tener una empresa con un cuasi-monopolio es una bendiciĂłn para el Estado:

El caso mĂĄs flagrante fue When Harry Became Sally (Ryan T. Anderson), un libro conservador crĂ­tico con la ideologĂ­a queer. El libro desapareciĂł de golpe en 2021 y no volviĂł a estar disponible hasta 2025. Sin hogueras, sin anuncios oficiales, simplemente... se esfumĂł.

ÂĄEl gobierno puede forzar a la empresa a censurar sin mancharse las manos ni daĂąar su propia imagen pĂşblica!

Amazon ha protagonizado algĂşn que otro escĂĄndalo mayĂşsculo, pero ese tema lo abordaremos en profundidad si apoyĂĄis este post (ÂĄhaciendo clic en el anuncio!).

Sin embargo, actualmente la censura principal y mĂĄs peligrosa es la que ocurre a travĂŠs de los algoritmos. Ya no es necesario quemar libros; basta con esconderlos.

1. La estrategia del "Shadowban" y la Verdad Oficial

El sistema funciona de manera sutil: "No recomendamos tu contenido, bajamos drĂĄsticamente tu alcance". A esto le suman estrategias de desprestigio, como colocar un aviso de Wikipedia debajo de tus videos para dejar claro cuĂĄl es la "versiĂłn oficial". Solo por tener esa etiqueta, tu alcance se desploma.

Es una estrategia de ingenierĂ­a social brillante:

“¿Realmente no le interesa el contenido a la gente, o simplemente no se recomienda en su feed?”

En una era donde todo se consume vĂ­a algoritmos y es la App la que decide quĂŠ mostrarnos, esta manipulaciĂłn es devastadora y eficaz.

2. La DesmonetizaciĂłn como Arma

Otra tĂĄctica es la asfixia econĂłmica. Con la desmonetizaciĂłn, desincentivan la creaciĂłn de contenido sobre temas cruciales, etiquetĂĄndolos como "sensibles" o "no aptos para anunciantes". Si no puedes sustentarte, no puedes hablar.

3. El Precedente de 2020

Un caso paradigmĂĄtico fue lo sucedido durante 2020. AhĂ­ vimos el verdadero poder de estos oligopolios tecnolĂłgicos para moldear la opiniĂłn pĂşblica. La recientemente fallecida CEO de YouTube, Susan Wojcicki, declarĂł abiertamente que borrarĂ­an todo contenido que contradijese a la OMS. No hubo margen para el debate cientĂ­fico ni la disidencia.

4. La Muerte del "Dislike"

TambiĂŠn eliminaron el botĂłn de dislikes (no me gusta). ÂżLa excusa? "Proteger la salud mental de los creadores pequeĂąos".

  • La realidad: Biden y las grandes corporaciones estaban recibiendo tasas de rechazo masivas en sus comunicados. Ocultar el disenso visual fue la soluciĂłn para mantener la narrativa.

Este tema de la censura "blanda" da para mucho mĂĄs y, lamentablemente, yo mismo la sufro a diario. Pero profundizaremos en ello en posteriores reflexiones

¡Gracias por haberle dado click al anuncio, de verdad que es una gran ayuda! ❤️

ÂĄUn abrazo y que tengas un buen dĂ­a!

Sigue aprendiendo!