
Uno de los temas que más divide a los libertarios es el del aborto; probablemente sea el principal, pues también la principal división entre los mismos es la cuestión de la religión.
Y es bastante entendible que así sea, pues si la guerra es la salud del Estado y los libertarios tienen que estar en contra de las guerras ilegítimas, pues la vida de las personas es mucho más importante que pelear por desregular el precio de la leche o quitar el salario mínimo. Si el aborto es equivalente a un asesinato, en españa se realizan cerca de 100.000 al año, subsidiados con impuestos.
Acorde a esto, no es de extrañar que este sea tal vez uno de los debates más duros entre los libertarios, pasando a un segundo plano otros debates que también dividen, como la reserva fraccionaria frente al 100 %, minarquismo frente a anarcocapitalismo o la propiedad intelectual.
La cuestión principal sobre el aborto desde una óptica libertaria consiste en trazar la línea en el momento en que se forma una vida; este momento se entiende que es con la concepción (cuando el espermatozoide fecunda al óvulo).
Si esto es así (no soy médico), entonces con el aborto se estaría efectivamente acabando con una vida: un crimen horrible, sin duda. Sin embargo, en este caso, hay algunas cuestiones que habría que remarcar.
Para ver el tema del aborto desde una óptica libertaria, debemos centrarnos en el NAP (principio de no agresión), elaborado por Rothbard en La ética de la libertad.
Este principio parte de que tú eres el propietario de tu propio cuerpo (autopropiedad) y de todo aquello de lo que puedas apropiarte juntando tu trabajo con la tierra (principio de apropiación originaria enunciado por John Locke), de aquello que compres o que heredes.
La proposición se eleva al rango de axioma cuando no se puede refutar sin caer en una contradicción (contradicción performativa). Por tanto, si yo digo que prefiero la muerte a la vida, me estaría contradiciendo, pues, estando vivo, estoy afirmando la vida y, por tanto, diciendo que la valoro más que la muerte.

Es como la preferencia revelada: puedo decir que daría mi vida por un ser querido y, dada la situación (un atraco, por ejemplo), echo a correr por patas. No es lo que dices, sino lo que haces.
Dejando esto claro, empezamos exponiendo los argumentos:
Si es una vida y todas las vidas valen lo mismo, el que acabe con esa vida debería ir a la cárcel y ser penado igual que el que mata a una persona. Sin embargo, a mí no me parece tan grave matar a la vida que se forma en la concepción como matar a un bebé o a una persona corriente. También me parece peor matar a un bebé que a un anciano (siendo los dos crímenes horribles), pues tal vez pienso que al anciano ya le queda poco por vivir, mientras que el bebé tiene toda la vida por delante. Aunque, por esa regla, más vida por delante tiene desde la concepción, pero sigo con algunas dudas.
Si desde la concepción hay vida y un aborto sería equivalente a matar, entonces una mujer, al quedarse embarazada, estaría cometiendo asesinatos, puesto que el porcentaje de óvulos fecundados que logran llegar al parto es de entre el 30 % y el 40 %. Siendo esto así, se podría excusar en que es la naturaleza la que así lo determina y no se puede hacer nada al respecto. Acorde a esto, también habría que prohibir o, al menos, mirar mal a las señoras mayores que tienen hijos, pues a mayor edad, mayor riesgo de aborto espontáneo y menor número de óvulos fecundados que llegarían al parto.
Aun aceptando que en la concepción hay vida, también tienen vida los espermatozoides y el óvulo; la diferencia es que en la concepción se crea un nuevo ADN, completo y único, que se desarrollará hasta convertirse en un ser humano. Por tanto, la concepción sería el momento a partir del cual podemos hablar de un ser humano en potencia.
Conviene también preguntarse qué crimen se debería aplicar a la abortista: ¿la metemos en la cárcel de por vida?, ¿la matamos también?
(Antes de seguir con la argumentación, conviene dejar clara la distinción entre legalidad y moralidad. Que el aborto sea moral o inmoral es una cosa, y que sea legal o ilegal es otra. Puede que atiborrarme a golosinas esté mal, pero eso no implica que deba ser ilegal).
Argumentos en contra
Los antiabortistas suelen poner dos ejemplos para respaldar su posición:
Si tú invitas a una persona a tu casa, puedes echarla, pero no matarla arguyendo que estás en el derecho de hacerlo porque es tu propiedad.
Esto también se podría aplicar al caso más extremo de una violación, pues es como si yo voy a una casa ajena y dejo ahí a una persona indefensa; el dueño de la casa no estaría justificado a matarla.
Igual que si secuestro a una persona y la meto de polizón en un barco: el capitán no podría tirarla al mar arguyendo que es su barco.
Argumentos a favor
En La ética de la libertad, Murray Rothbard sostiene:
Toda mujer tiene el derecho absoluto sobre su propio cuerpo. [...] Si la madre decide que ya no desea al feto, este se convierte en un parásito invasor de su cuerpo, y la madre tiene el pleno derecho de expulsarlo. El aborto no debe considerarse como el asesinato de una persona viva, sino como la expulsión de un invasor no deseado.
Se ha objetado que, dado que la madre consintió originalmente en la concepción, ha contratado su condición con el feto. Sin embargo:
Una simple promesa no constituye un contrato exigible (estos solo lo son si su violación implica un robo implícito).
No existe un contrato real porque el feto no es una entidad que contrata de forma voluntaria.
La inalienabilidad de la voluntad impide hacer cumplir contratos de esclavitud voluntaria; la madre no puede ser obligada legalmente a gestar contra su voluntad

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Eviccionismo
Otra postura sería el eviccionismo, defendida por autores como Walter Block. Esto consiste en el derecho a expulsar (evict) al feto del cuerpo de la madre sin dañarlo directamente, permitiendo que sea incubado de forma artificial fuera del mismo. Esta solución sería más viable a medida que avance la ciencia y la tecnología de incubación.
Este artículo pretende ser un acercamiento a este tema tan controvertido, del cual no soy muy conocedor y seguramente haya dicho alguna barbaridad.







