Sponsored by

Fue Thomas Jefferson quien advirtió por primera vez a una América recién independizada sobre los poderes ocultos del gobierno:

«Si el pueblo estadounidense permitiera que los bancos controlaran la emisión de su moneda, primero mediante la inflación y luego mediante la deflación, los bancos y las corporaciones que surgirían a su alrededor despojarían al pueblo de todas sus propiedades hasta que sus hijos despertaran sin hogar en el continente que sus padres ocuparon. El poder de emisión de dinero debería arrebatarse a los bancos y devolverse al Congreso y al pueblo, a quien pertenece. Creo sinceramente que las instituciones bancarias son más peligrosas para la libertad que los ejércitos permanentes».

Mi intención aquí no es mitificar a Jefferson, pues fue un inveterado esclavista, teniendo más de 600 esclavos a lo largo de su vida. No solo eso, también mantuvo una relación de décadas con una mujer esclavizada que además era medio hermana de su difunta esposa.

De la frase lo único que quitaría es la parte de devolverle al Congreso el poder de emitir dinero, pero todo lo demás me parece muy acertado. Rothbard, en su libro “El misterio de la banca”, explica perfectamente este proceso de cartelización y control del dinero a través de la creación de bancos centrales siguiendo el modelo del Banco de Inglaterra.

El primero de estos bancos fue fundado por Robert Morris, también conocido como el financiador de la revolución, el hombre más rico del momento y un comerciante embustero de Filadelfia, que consiguió fundar el Bank of North America en 1781 y centralizar el crédito.

Por suerte ese experimento duró poco; sin embargo, su discípulo Hamilton volvería a las andadas y crearía una década después el First Bank of the United States, siguiendo el programa federalista: altos aranceles, impuestos, mucha obra pública y una gran deuda pública. La continuidad de la desaparecida institución en este nuevo proyecto la delata el hecho de que el exsocio de Robert Morris, Thomas Willing de Filadelfia, fue nombrado presidente del nuevo Banco.

Este experimento duró 20 años, que era el periodo que tenía de vigencia y debía ser ratificada su continuidad; por suerte, los seguidores de Jefferson y Madison, defensores del dinero sólido y la limitación del poder federal, lograron impedir la renovación del monopolio bancario centralizado.

Por desgracia, solo 5 años después, en 1816, se creó el Second Bank of the United States. Tramitado ante el Congreso a iniciativa del gobierno de James Madison y, en particular, del secretario del Tesoro Alexander J. Dallas, cuyo nombramiento había sido impulsado específicamente con ese propósito estratégico. Contribuyendo también Stephen Girard, mayor accionista privado del First BUS y principal inversor en la deuda de guerra del gobierno federal durante la guerra de 1812, y también John Jacob Astor.

Second BUS

La creación del BUS representó una solución perfecta para estos inversores: el banco compraría la deuda pública en la que habían invertido fuertemente, garantizando el pago de sus bonos, mientras simultáneamente les otorgaba participación accionaria en una institución con poderes monopolísticos de emisión monetaria. El interés privado se disfrazó exitosamente de necesidad pública.

Tras la expansión inflacionaria producida en los primeros años, finalmente en 1819 se contrae el crédito y se produce una gran crisis, desempleo masivo y quiebras generalizadas. Ante esta situación, Martin Van Buren y Andrew Jackson fundan el nuevo Partido Demócrata, partidario de la vuelta a un dinero sólido y de la eliminación de la banca central.

Jackson vs Biddle

Y el último banco central de Estados Unidos y el que padecen actualmente es la archiconocida Reserva Federal, o FED (Federal Reserve). Esta se crea principalmente debido a que Wall Street estaba perdiendo influencia y Filadelfia le estaba comiendo el pastel. Para conseguir esto se requirió un esfuerzo concertado de propaganda por las élites neoyorquinas.

Así, en 1890, la Asociación de Banqueros Americanos y las principales instituciones financieras comienzan a promover públicamente la idea de un banco central al estilo europeo. En 1900, el secretario del Tesoro Lyman J. Gage propone formalmente la creación de un banco central, marcando el primer respaldo gubernamental oficial. El Pánico financiero de 1907 acelera dramáticamente los planes, proporcionando el argumento de la "necesidad urgente" de un prestamista de última instancia.

En 1908, comisiones de banqueros influyentes, lideradas por figuras como Frank A. Vanderlip y A. Barton Hepburn, insisten en establecer un banco central similar al Reichsbank de Alemania. En 1913, bajo la administración de Woodrow Wilson, se promulga la Federal Reserve Act, creando oficialmente el Sistema de la Reserva Federal. Lo más sorprendente de todo esto es la reunión secreta en la isla de Jekyll, donde se juntaron grandes magnates para llevar a cabo este golpe de Estado.

Sigue aprendiendo!