
El tan laureado economista Milton Friedman, aclamado como un arduo defensor de la libertad y premiado con el Nobel de Economía en 1976, no es otra cosa que un gran fraude.
Lejos de defender la libertad, promovió ideas que han causado un daño enorme a la sociedad, fundamentalmente por ir vestido con piel de cordero y mostrarse como un liberal al uso, cuando no fue más que un reverenciado estatista.
Sin embargo, sucede que la ventana de Overton se ha movido tanto, y el estatismo es tan omnipresente en todos los aspectos de nuestra vida y la política, que alguien como Friedman ha pasado a ser visto como un referente liberal, aunque la realidad histórica es profundamente diferente.

Friedman fue, ante todo, un economista del Establishment. Asesoró a numerosos presidentes supuestamente “liberales”, entre ellos Reagan, Thatcher, Nixon, Bush e incluso tuvo influencia en Pinochet a través de los Chicago Boys. Además, dirigió, como buen tecnócrata, el Departamento del Tesoro durante la Segunda Guerra Mundial.
Fue profesor de la Universidad de Chicago, presidente de la Asociación de Economía Americana y miembro de la Sociedad Mont Pèlerin. Precisamente, durante el primer encuentro de esta sociedad celebrado en 1947, ocurrió un hecho revelador.
En un punto del debate sobre la distribución del ingreso y un sistema tributario progresivo (el llamado impuesto negativo sobre la renta), Mises se levantó, se dirigió a los participantes y proclamó: “Todos ustedes son un grupo de socialistas”, para acto seguido salir de la habitación.

Mises basado callándole la boca a los tibios Chicago
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En esta misma línea, el economista Harry Veryser relata una anécdota esclarecedora:
«Recuerdo haber estado en una conferencia con Ludwig von Mises en los años sesenta en la FEE. Le pregunté sobre Friedman y la economía. Hizo un gesto con la mano, al estilo típico austriaco, y dijo: “Friedman no es un economista. Él es un estadístico”».
El daño intelectual de Friedman se cristaliza en su metodología positivista. Su famosa obra, La metodología de la economía positiva, se ha convertido en la "biblia" que siguen los economistas —o mejor dicho, econometristas— que aspiran a publicar en revistas académicas sin ser tachados de pseudocientíficos.
Este positivismo introdujo dos errores garrafales: considerar que se debía negar cualquier investigación finalista (teleológica) y la creencia de que el método de las ciencias naturales debía trasladarse mecánicamente a las ciencias sociales.
Este método es inadecuado. Mientras que en las ciencias naturales desconocemos la causa última, en las ciencias sociales sí la conocemos: la acción humana. De ahí que en economía se deba aplicar el método lógico-deductivo (praxeología).
El segundo gran error radica en que el estudio de la economía atañe a hechos no observables directamente en el mundo físico, sino a hechos internos del ser humano. Lo relevante no es lo físico (una moneda de plata), sino el valor subjetivo que cada persona le asigna. Por lo tanto, la economía no debe encasillarse en el estudio de leyes empíricas, pues el error fundamental de los positivistas es querer extraer teoría a partir de la historia.
Asimismo, el positivismo yerra al intentar realizar "experimentos de laboratorio", asumiendo que la acción humana puede medirse y controlarse en condiciones aisladas, tal como ocurre en la física.

Además, la experiencia histórica no sirve para probar la falsedad de una teoría económica. Un ejemplo claro fue la Gran Depresión de 1929: como no hubo un aumento visible de los precios al consumidor, se creía erróneamente que no había inflación y que la Reserva Federal podía imprimir dinero sin cesar, bajo la ilusión de que habíamos llegado a una época sin crisis.
En el estudio de la acción humana no se puede "predecir" como en las ciencias naturales porque no existen constantes; la acción humana es infinitamente más compleja.
Un ejemplo caricaturesco que ilustra las fallas de estos modelos matemáticos es la crítica que Murray Rothbard hizo a James Buchanan (cuyos modelos tienen defectos similares a los de los Chicago). En un ejemplo donde explicaba el reclutamiento de soldados, Buchanan dibujaba dos líneas de demanda verticales que ni siquiera se interseccionaban, llegando a la absurda conclusión de que nadie se alistaría en el ejército. Cuando Rothbard le escribió señalando el error, Buchanan contestó:
Su carta pone de manifiesto las limitaciones de aplicar de forma demasiado literal muchas de nuestras herramientas analíticas. Tiene usted toda la razón al afirmar que la solución, bajo sus supuestos, es absurda. Pero esto es realmente lo mismo en todos aquellos casos en los que hacemos supuestos bastante extremos. En el mejor de los casos, los modelos de demanda fija y oferta fija son útiles en la medida en que aíslan ciertas fuerzas, y solo en pocos casos los propios modelos son útiles con fines predictivos.
Con estos genios en los más altos puestos y con los mejores galardones… ¡no tenemos que preocuparnos por nada!
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