Este teólogo jesuita dijo que se podía matar al rey si era un tirano…
…pero este no fue el motivo por el que terminó en prisión.
A pesar de haber redactado una historia de España a petición de Felipe II y un manual de instrucción para su sucesor, este brillante intelectual nunca doblegó su pluma ante el poder.
Según Mariana, si un monarca imponía tributos sin el consentimiento de los gobernados, cualquier individuo estaba legitimado para cometer tiranicidio.
Por esta radical defensa de la soberanía individual, su obra fue quemada públicamente en París, llevando a los franceses a exigir a la Corona española su censura total.
En ese momento el rey se negó.
Pero lo que finalmente le costaría la libertad a Mariana es un crimen de estado que, por desgracia, la maquinaria gubernamental sigue perpetrando sistemáticamente hoy en día:
El envilecimiento de la moneda.
Mariana denunció con valentía a Felipe III por devaluar la moneda de vellón, demostrando de forma irrefutable que la inflación no es más que un impuesto silencioso; un robo directo y descarnado a la propiedad privada de los súbditos.
Resulta revelador…
…pudo justificar el tiranicidio sin sufrir represalias inmediatas…
…pero en el instante en que expuso los mecanismos fraudulentos mediante los cuales el estado expoliaba la riqueza de sus ciudadanos, cayó sobre él todo el peso del Leviatán.
A sus setenta y tres años, fue arrojado a prisión acusado del delito de lesa majestad.
Su tratado económico resultó ser tan subversivo para los privilegios de la clase gobernante que el rey ordenó comprar y destruir todas las copias.
Ni siquiera después de muerto pudo descansar en paz.
La Inquisición —de cuyo Índice de libros prohibidos Mariana había sido editor irónicamente— expurgó los ejemplares restantes, censurando su pensamiento.
Por este implacable acto de cancelación estatal, su genialidad fue sepultada durante doscientos cincuenta años, y apenas sobrevivió un puñado de copias íntegras.
Además de lo anterior, Juan de Mariana se erigió como un precursor de la teoría del estado de John Locke y denunció duramente a la compañia de jesús (jesuitas) por su estructura jerárquica militar.
Sin lugar a duda, es una de las figuras más fascinantes y necesarias de nuestra historia.
Hoy, paradójicamente, vivimos la tiranía a la inversa:
Quienes abogan por enfrentarse al tirano son perseguidos (como Pablo Hasél), mientras que aquellos que exponemos el saqueo sistemático perpetrado a través de la inflación fiat, somos ignorados.










