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Where Quantitative Thinkers Compete, Learn and Grow

The International Quant Championship (IQC) is one of the world's largest quantitative research competitions, bringing together 156,000+ participants globally.

Participants have the opportunity to develop quantitative research skills, challenge themselves alongside peers from around the world and connect with a global community of quantitative thinkers.

En la primera entrega vimos como se fue tejiendo el paso de la era celestial —caracterizada por la creencia en un Dios superior,— a la era científica, caracterizada por la creencia de una Ciencia superior y unificada, la cual nos promete poder explicar y resolver todos los problemas del mundo.

Pasamos de sacerdotes a intelecuales/científicos.

Al rey ya no le hacen falta sacerdotes que justifiquen su poder como delegado de Dios en la tierra.



Los sacerdotes han cambiado la sotana negra por la bata blanca y ahora legitiman al rey en nombre de la Ciencia.

Pero todo esto solo era un preámbulo donde rastreaba las raíces del discurso que gira entorno al cambio climático.

Este discurso plantea varias premisas:

Primero, que el ser humano está destruyendo el planeta.

Esto se atribuye al consumismo propio del sistema capitalista, el cual explota los recursos sin misericordia, buscando el beneficio individual sin considerar las consecuencias ni cómo afectará a las generaciones futuras.

Segundo, como consecuencia lógica de lo anterior: puesto que el ser humano sobreexplota el planeta y contamina a través de emisiones de CO2, la solución propuesta es la reducción poblacional para disminuir emisiones (net zero).

Se argumenta que somos demasiados; las necesidades humanas son ilimitadas en un planeta con recursos finitos, por lo que se impone un freno.

Una vía sería reducir la natalidad, cuyo ejemplo más claro fue la política del hijo único en China.

Tercero, el decrecentismo.

Se nos dice que debemos decrecer paulatinamente para lograr la sostenibilidad mediante una transición de un sistema contaminante (carbón, combustibles fósiles) a otro más respetuoso (eléctrico).

Esto supondrá costes enormes, sumado a la dificultad intrínseca de planificar el decrecimiento económico.

Retomando las analogías entre religión y ciencia, resulta curiosa la similitud entre el relato bíblico y el discurso climático actual.

La Biblia narra que el ser humano vivía en un estado de pureza primigenia en el Jardín del Edén; en ese estado de armonía, Adán y Eva cometieron el pecado original al comer del fruto prohibido y fueron expulsados.

El discurso climático sostiene que el ser humano vivía en equilibrio con la naturaleza hasta que cometió el pecado de la Revolución Industrial. En este caso, el pecado original es la huella de carbono: cuanto mayor es, más impuro se está.

Las Escrituras advierten que, si el hombre no se arrepiente, Dios enviará plagas, fuego y un Diluvio Universal para limpiar la Tierra de la maldad humana.

En la actualidad, se profetiza que si no reducimos las emisiones, la temperatura subirá provocando incendios incontrolables, tempestades y un aumento del nivel del mar que inundará las ciudades.

En los tiempos bíblicos existían profetas como Jeremías o Juan el Bautista, que predicaban en el desierto.

En la actualidad contamos con nuevos profetas secularizados: figuras como Greta Thunberg y el séquito del Club de Roma, entre otros.

La religión tradicional prescribe la renuncia a los placeres carnales y el sacrificio terrenal para alcanzar el paraíso.

El ecologismo actual exige renunciar al consumo desmedido, dejar de comer carne, evitar viajar en avión y reciclar para salvar el planeta.

Finalmente, si en la antigüedad se compraban indulgencias para ganar el cielo, en la actualidad se compran bonos de carbono para poder seguir pecando.

Este es un discurso que se basa en el miedo; en lugar del temor a Dios, es el miedo al Clima.

La solución que ofrece la Biblia es expandir la fe a todo el mundo, momento en el cual llegará el fin de los tiempos y la segunda venida de Cristo.

Por su parte, los tecnócratas nos dicen que la solución es un gobierno mundial, que tras conformarlo ya no habrá guerras en el mundo y reinará la paz.

Lo que resulta más llamativo es la premisa de que somos demasiados en el planeta.

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En la siguiente entrega profundizaremos en este punto y en su origen.