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Estamos atravesando el experimento de dinero fiat más grande de la historia y, como todos los anteriores, está condenado al fracaso.

El primero en crear un sistema de dinero de papel prácticamente ilimitado fue el zorro de John Law en la francia del siglo XVIII.

Aunque existieron experimentos previos, ninguno alcanzó tal escala.

John Law retratado por Alexis Simon Belle

La francia de Luis XIV se encontraba en la quiebra absoluta, tras la muerte del rey Sol, el duque Felipe de Orleans tuvo que tanquearse la regencia y hacer frente a unas finanzas quebradas.

Law persuadió al regente para fundar un banco emisor de papel moneda, teóricamente respaldado por los recursos de las tierras coloniales de Luisiana, donde se afirmaba falsamente que abundaban metales preciosos como el oro y la plata.

En 1716, fundó la General Bank (Law and Company). Este banco, en simbiosis con la Compañía del Misisipi que crearía después, puso en marcha el primer gran experimento de dinero fiduciario en Occidente.

Al principio, la ilusión monetaria surtió efecto: el comercio se reactivó artificialmente y la recaudación fiscal de la maquinaria estatal aumentó con rapidez.

Se generó un clima de falsa confianza y parecía que toda la nación se enriquecía.

Law se convirtió en el arquitecto financiero del reino y convirtió a la Rue Quincampoix en la sede bursátil de París.

La letal premisa de que el papel moneda podía sustituir por completo a la moneda metálica provocó una emisión descontrolada de billetes sin respaldo. Las acciones de su compañía se dispararon en una espiral hiperinflacionaria.

Pero el poder no puede derrotar a la ley económica y lo inevitable sucedió.

Caricatura alemana de la época que muestra a John Law. (a la izquierda una versión de la original hecha con IA)

A principios de 1720, los especuladores más perspicaces comprendieron que la burbuja carecía de fundamentos reales.

Comenzaron a liquidar sus posiciones y a exigir la conversión de sus billetes en oro físico.

No tardó en desatarse el pánico bancario: los vendedores inundaron el mercado y todo el entramado crediticio se desplomó de golpe.

Sátira contemporánea sobre la estafa de la ley. La locura conduce el carro; el azar dispersa los prospectos; el comercio es aplastado bajo las ruedas; los inversores son obligados a ingresar en hospitales, manicomios y asilos de pobres (en Gold vs Paper de Anthony Sutton)

Law huyó del país, pero fue interceptado en la frontera.

La ironía de la historia fue que tras haber predicado las virtudes del papel y criminalizado los metales preciosos, ¡el carruaje en el que pretendía escapar estaba repleto de monedas de oro y plata!

En la actualidad, la narrativa oficial insiste en que el oro y la plata son “reliquias bárbaras” obsoletas frente al dinero moderno de curso forzoso.

Sin embargo, los hechos respaldan nuetra tesis: basta observar la acumulación masiva de oro físico por parte de los mismos bancos centrales que devalúan tu poder adquisitivo. Al igual que John Law, su consigna oculta es siempre la misma: haz lo que digo, pero no lo que hago.

Y tú, ¿prefieres hacer caso a los modernos apologistas de John Law y seguir entregando el fruto de tu trabajo a cambio de un trozo de papel sin valor intrínseco, o vas a refugiarte en el dinero real que la humanidad ha elegido libremente a lo largo de la historia?

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¡Nos vemos al otro lado!

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