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La evolución del dinero y el monopolio del Estado

La Escuela Austriaca es conocida por ser defensora de un dinero libre, un dinero que la sociedad elige de forma voluntaria sin existir ningún tipo de coacción.

Aunque han sido muchos y muy variados los tipos de dinero que han existido a lo largo de la historia, la humanidad parece que se decantó por uno, o tal vez dos, es decir, el oro y la plata.

Estos metales preciosos son los reyes indiscutibles del intercambio indirecto.

Como ya sabemos, siguiendo el teorema regresivo del dinero de Mises, solo puede ser dinero aquello que haya tenido un valor previo como mercancía antes de haber sido usado como dinero.

Es por esto que todos los experimentos de dinero fiduciario están destinados a fracasar.

El oro se eligió como dinero por tener unas características que le hicieron superior a otras alternativas, es decir: alto valor por unidad de peso, homogeneidad, divisibilidad, durabilidad… y, una de las más importantes, la escasez.

El oro, al igual que todos los bienes económicos, es escaso, pero que muy escaso. Para hacernos a la idea, tengamos en cuenta que todo el oro del mundo cabría en una piscina olímpica.

El dinero es muy importante, porque es con aquello con lo que podemos conseguir lo que queremos o podemos incluso ahorrarlo para reducir la incertidumbre.

El dinero es muy útil pues resuelve el problema de la doble coincidencia de deseos: imaginaos qué difícil sería encontrar a alguien que quisiese justo lo que tú tienes y tú querer justo lo que tiene esa persona. Las probabilidades son muy bajas y entorpecería mucho los intercambios.

Vemos que el dinero bien entendido (oro/plata), es algo maravilloso que nos facilita la vida y es una de las tecnologías más importantes que se han descubierto. Pero no podía ser todo tan bonito.

A lo largo de la historia siempre han existido personas que han querido aprovecharse de las demás para su propio beneficio. Antiguamente eran los emperadores y los reyes; más recientemente, son los Estados y sus presidentes legítimos elegidos democráticamente.

Los medios económicos frente a los medios políticos

Como nos ilustró el gran sociólogo alemán Franz Oppenheimer, hay dos formas de obtener recursos, dos formas que son mutuamente excluyentes:

  • Los medios económicos: basados en el intercambio libre y voluntario.

  • Los medios políticos: basados en la violencia y la coacción, en conseguir recursos a costa de otros.

Actualmente, aquellos que usan los medios políticos son, cómo no, los políticos, pero también todos aquellos que se benefician del aparato del Estado.

Esto es lo que se conoce como la teoría liberal del Estado, precursora de la marxista y mucho más acertada que esta. Fue desarrollada por los industrialistas franceses Charles Comte y Charles Dunoyer y nos dice que existen dos clases:

  1. La clase dominante: aquellos que se benefician del aparato del Estado. Desde empresaurios que viven de prebendas que les otorga el Estado, aquellos que obtienen licencias estatales, y aquellos que, en definitiva, viven del resto de la población igual que un parásito vive de su huésped.

  2. La clase explotada: aquellos que sufren el aparato del Estado. Serían los empresarios de libre comercio, los trabajadores, los ahorradores...

Los que manejan el aparato estatal están en la posición de poder, pues tienen dominada al resto de la población gracias a la fuerza de las armas y, en especial, al consentimiento y a la creencia que la misma gente le otorga, como escribió Étienne de La Boétie en su Discurso sobre la servidumbre voluntaria.

Si nos ponemos en la piel de aquellas personas que dominan el aparato estatal, lo que vemos es que su principal interés es robar lo máximo posible en el menor tiempo posible. Esta es la base; habrá Estados mejores y otros peores, pero esto es una diferencia de grado y no de esencia.

La magia negra del dinero fiduciario

Y es aquí cuando volvemos al oro.

El oro siempre ha sido un freno al poder de los reyes antiguos que han querido adulterar la moneda.

Aun habiendo llevado a cabo el envilecimiento de la moneda, este era esporádico y muy poco popular; normalmente se hacía cuando fallecía el rey y el heredero aprovechaba el momento para robar de esa manera.

Durante mucho tiempo, los reyes también contrataron a los mejores alquimistas con el fin de transformar metales ruines en oro.

Pero, sin duda, en la actualidad se ha conseguido algo mucho más difícil y digno de estudio: en lugar de convertir todo lo que se toca en oro (como en el mito del rey Midas), ahora todo lo que se dice que es dinero, es dinero.

¡Así!

¡Por arte de magia!

Los reyes antiguos palidecerían al ver este sistema funcionando.

La pregunta es si se sorprenderían por lo ingenioso de los que lo idearon o si se reirían de aquellos que se lo tragaron.

No solo tenemos que conformarnos con un dinero fiduciario (que no es más que papel con tinta barata y la firma de un tecnócrata ladrón), sino que, aparte del timo que supone la existencia de este dinero sostenido únicamente por leyes de curso forzoso, también existe la reserva fraccionaria.

Esto significa que los bancos crean dinero de la nada a través de simples apuntes contables, dinero escriturario (“chirographis pecuniarum”, como escribió Luis de Molina), con el beneplácito del gobierno.

Históricamente, el gobierno ha permitido esta treta puesto que ha sido el principal beneficiado de la misma: los bancos le compran la deuda pública con el dinero de nueva creación.

No es casualidad que gran parte de los bancos centrales hayan surgido para financiar guerras y a un Estado quebrado.

En resumen: se nos obliga a usar un dinero que poco tiene que envidiar al papel higiénico, y sobre ese dinero de mentira, se crea una pirámide invertida de dinero falso muy superior al oro por el que debería ser respaldado.

¡Que vuelvan los honrados alquimistas!

Pero esto no para aquí.

Ese dinero de nueva creación no se reparte por igual, llega a unos antes que a otros (Efecto Cantillon). Y los primeros en recibir ese dinero salen beneficiados a costa de los últimos...

¿Y quiénes crees que son los primeros en recibir ese dinero? Exacto: El Estado y sus amigos (los bancos, los empresaurios...).

¿Y quiénes son los últimos?

Los más vulnerables y los que no le deben favores al Estado.

Hacia el monopolio monetario

Tras esta breve introducción, queda claro que el monopolio del dinero y de la banca es el pilar último sobre el que descansan los Estados modernos, y es el instrumento más útil para incrementar su recaudación.

Los objetivos aquí son obvios: crear un sistema de dinero fiat controlado por el Estado. De este modo, la coalición banca-Estado podría inflar la moneda (impuesto oculto), provocar crisis y financiar guerras.

En palabras de Murray Rothbard:

"El dinero es el centro neurálgico del sistema económico. Si el Estado es capaz de hacerse con un incuestionable control sobre la unidad monetaria controlará a toda la economía y, por ende, a toda la sociedad."

Hans-Hermann Hoppe nos muestra los pasos que se han seguido para llegar hasta aquí:

  1. Monopolizar la acuñación: La acuñación del oro debe ser monopolizada por el Estado. Esto sirve para desinternacionalizar psicológicamente el oro, desplazando el énfasis del peso universal a las monedas fiduciarias. Además, elimina el primer obstáculo para la falsificación, proporcionando los medios para enriquecerse mediante la devaluación monetaria.

  2. Fomentar los sustitutos del dinero: El uso de sustitutos en lugar de oro debe ser fomentado sistemáticamente y respaldado por leyes de curso legal. El proceso de falsificación se vuelve menos costoso: solo es necesario imprimir billetes.

  3. Cartelizar la banca bajo un Banco Central: Mientras exista banca libre, los billetes falsos pueden regresar al banco, quebrando a la entidad. Para evitarlo, el Estado debe monopolizar el sistema bancario o forzar a los bancos competidores a unirse en un cártel bajo la tutela de un Banco Central estatal, coordinando así la falsificación de forma segura para ellos.

  4. Nacionalizar el oro: El Estado debe exigir a todos los bancos que depositen su oro en el Banco Central y realicen sus operaciones exclusivamente con sustitutos del dinero. El oro desaparece del mercado diario.

  5. Cortar el último vínculo: Finalmente, con el oro en posesión exclusiva del Estado, este incumple sus obligaciones contractuales y declara sus billetes irredimibles (como ocurrió en Bretton Woods).

Para alcanzar este objetivo final, el Estado necesita una opinión pública favorable, acompañando su robo con medidas redistributivas (para comprar apoyo).

De este modo, por interés mutuo, se forma una alianza entre el Estado (socio dominante) y el sistema bancario (socio menor).

Esta alianza conlleva un robo permanente por parte de "LADRONES S.A." al resto de los individuos.

El BPI (BIS): El Banco Central de los Bancos Centrales

Los bancos centrales han sido la pieza crucial en este sistema para coordinar la inflación y actuar como prestamistas de última instancia.

Y son precisamente los bancos centrales los que nos traen hoy aquí.

O más en concreto, EL BANCO CENTRAL.

Un banco que ha pasado desapercibido y ha recibido muy poca atención en comparación con la Reserva Federal (de la cual no hay austriaco que se precie que no haya hablado).

Hablamos del BIS (Bank for International Settlements, o Banco de Pagos Internacionales).

El BIS funciona como una especie de banco central de los bancos centrales.

Al igual que tú tienes tu cuenta en un banco comercial (ej: Santander), y el Santander tiene su cuenta en un banco central (el Banco de España, que opera dentro del Banco Central Europeo), el BCE deposita en el BIS gran parte de sus reservas internacionales (oro y divisas).

No es que el BCE tenga allí todo su dinero en una cuenta corriente normal, sino que los distintos bancos centrales usan el BIS para mover esas reservas, compensar pagos y coordinarse entre ellos a nivel mundial.

El BIS actúa como la cúspide del sistema de cartelización bancaria y cada día acumula más poder.

Para entender cómo funciona este banco debemos remontarnos a sus orígenes.

Fue creado oficialmente el 27 de febrero de 1930 en Roma y puesto en funcionamiento el 17 de mayo de ese mismo año.

La historia de la creación de este banco es algo que, para mi sorpresa, ha pasado por debajo del radar. Ni siquiera los austriacos se han molestado en profundizar sobre esta institución.

Mucho se ha escrito sobre la Reserva Federal o sobre la reunión secreta en la Isla Jekyll.

Es decir, se han estudiado estas instituciones de forma extensa y profunda, pero, siendo que la tradición austriaca consiste en defender un dinero fuerte y en atacar la banca central, es muy curioso que se le haya prestado tan poca atención al que viene siendo el verdadero "jefe" de los bancos centrales.

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